martes, 28 de febrero de 2012

All that jazz


Era una plaza bastante concurrida. Yo estaba sentada al sol, detrás de mis gafas, sin prestar atención a las palabras que revoloteaban a mi alrededor. No podía dejar de escuchar su música. Rasgaba las cuerdas con dedos tan ágiles, que no pude evitar imaginármelos acarrando notas de mi cuerpo. Iba bien vestido, no encajaba sentado en aquel banco de aquella plaza. Me encantaba. Dos inadaptados en un lugar que no les correspondía pero que eligieron tomar en un momento dado. Se me antojó libre y misterioso. Sonreía mientras tocaba. Me pareció la sonrisa más bonita de aquel mundo. En mi mente, besaba con pasión -y un poco de ternura- su tersa piel. Quería que su música me acariciara. Que me envolviera la sinfonía de sus brazos. Que sus labios me sostuvieran en el cielo, un segundo, antes de dejarme caer sobre un lecho de plumas blancas.

Tuve que hacerlo. Me levanté, me acerqué con paso decidido y le acaricié suavemente la espalda. Nuestras miradas se cruzaron, se posaron mis labios en su oído y lentamente, le susurraron: llámame.

martes, 14 de febrero de 2012

En otra vida quizá....

Erwin Olaf. Serie Hope

Me asaltan las ganas de besarte
como olas en la noche
rompiendo la aparente calma,
sacudiéndome el cuerpo
con la frecuencia en que me miras.
Tiembla el suelo bajo mis pies
cada vez que abres la boca
se desatan huracanes que destrozan,
si por ventura llegas a rozarme,
el indiferente muro que levanto
de arena y sal.
Se resiste mi deseo a abandonar tu cuerpo
a deshacerse en palabras que se pierdan
como la ceniza con la que acaba el fuego.
Un fuego que fue casi real,
durante el suspiro de un segundo,
antes de perderse para siempre
en el silencio de tu boca.

sábado, 4 de febrero de 2012

Échame la culpa

«Todos los hombres que conozco se acuestan con Gilda, pero se levantan conmigo» decía Rita Hayworth. Gilda era sexy y divertida. Sensual, apasionada, arriesgada, emocionante. Una diosa fuerte y lejana al alcance de la mano. Supongo que Rita era diferente. Era una mujer con una gran personalidad y profundidad, según se comenta. Aunque tenía algo de lo que Gilda carecía: era humana. Por lo tanto tendría miedos, sueños, aspiraciones, necesidades... Y claro, cuántos hombres son capaces de asumir las dos caras de la moneda.



Así que,  imitando a Gilda, dejaré por ahora que algunos hombres se acuesten con Sophie pero no que se levanten conmigo. Hasta que algún interesado aparezca con mi desayuno en bandeja de plata.